jueves, 8 de enero de 2009

Dibujar con el lado derecho

No sé dibujar. Es algo fáctico, supongo que directamente relacionado con mi mala caligrafía.

Pero también hay otra cosa cierta. Antes no tenía nada de oído. No es que ahora tengo mucho, sólo que tengo más. Poquito, pero si el yo del presente fuera al del pasado y le dijese que tiene este poquito de oído, el yo del pasado, postrado con dolor de cabeza ante las cuerdas de la guitarra, alucinaría pepinillos.

¿Con esto que quiero decir? Que todo se puede entrenar. Que el cerebro estructura y reestructura contínuamente sus conexiones en función de nuestras costumbres.
Cada uno tiene más facilidad para unas cosas que por otras. Supongo que lo mío es escribir, es mi don. Alto: eso no significa que toda lo que salga de mi teclado brille. Sólo significa que es aquello con lo que me siento más cómodo, en lo que me desenvuelvo más fácilmente.
En cambio, el don de mi hermano siempre ha sido la música. Toca la batería, pero le dió por cojer la guitarra, y en poco tiempo me rebasaba en algunos aspectos, cuando yo me pasé casi un año entero sólo para acostumbrarme al mástil. Para mí cada paso que he tenido que hacer en ese sentido ha sido arduo y largo, y a veces no he encontrado el verdadero camino, el que se siente, hasta mucho después de estarlo pensando
Pero siempre me he acabado cruzando con él.
Cada uno tiene su don.

Toda mi vida he creído que esa diferencia entre mi hermano y yo se debe a que tendemos a usar lados diferentes del cerebro: mientras yo soy más racional, él es más instintivo. Y si algo requiere el arte en sus vertientes plásticas y musicales, es este instinto, esta pureza sensorial no enmascarada por el velo de la razón: el conducto directo que permite captar, sentir y expresar.
¿Significa eso que estoy condenado de por vida al análisis y la reestructuración intelectual de al información sensorial, musical y plástica (mucho más lenta, tediosa, y de pobre efectividad)? No. Significa que uno puede entrenar las partes que no usa, casi como un músculo, hasta estar equilibrado, de acuerdo con la concepción Aristotélica de virtud (¡toma pretenciosidad!). Significa que tenemos en nosotros un enorme potencial, y que, si os lo proponemos, podemos hacerlo todo o casi todo.

Esta dualidad (hemisferios, instinto y razón, etcetera) es aplicable también a nuestra forma de ver y vivir la vida. Aquél excesivamente cerebral tiene muchas trabas en el disfrute, la espontaneidad y la experiencia de vivir estando aquí y ahora, mientras que el que se comporta de forma animal, muchas veces no sabe establecer un control sobre sus impulsos, y ambos se sienten confusos, perdidos. Por eso, ya que nuestra sociedad nos entrena en una ferviente, casi fanática racionalidad, siempre me ha fascinado el equilibrio, la cultivación de la parte instintiva y los métodos de enseñanza que hacen uso de ella (de hecho estoy aprendiendo Francés en casa con el sistema "instintivo" Assimil y me está yendo bastante de puta madre).   

Y por eso, cuando navegando por Wee me he encontrado con "Aprender a dibujar" de Betty Edwards, me he sentido irremediablemente atraído. Betty Edwards promete en su prefacio que enseña  a dibujar incluso a los más negados a traves de un método con ejercicios que cultivan la parte derecha del cerebro y te permiten sentir en vez de pensar... mmmm interesting.

Ahora por ahora el dibujo no es nada en que me haya querido centrar mucho, pero, aunque cuatro garabatos me sirven para mis tiras cómicas, quizás pueda hacer algo más.
Vamos, que voy a probarlo a ver  que pasa.
Parece chachi para ineptos como yo. 

Caramba, como me cuesta decir las cosas, la de rollos que os meto para recomendaros un libraco. 

Repitamos el Link donde podéis leer el libro:


Y no olvidéis que, como cada viernes, mañana hay nueva tira cómica en BEHS.

1 comentario:

El Taller dijo...

Hola Pol!
Prenc nota :)
les tires còmiques són teves doncs?
Laia